Milei aviva la paranoia nacionalista y contradice su propia promesa de apertura al mundo
Milei acusó a Brasil de financiar una campaña contra Argentina, en una maniobra que contradice su promesa de apertura. ¿Le dará resultado o será otro fracaso de corto plazo?
Milei aviva la paranoia nacionalista y contradice su propia promesa de apertura al mundo
El Presidente volvió a echar leña al fuego de la teoría de la conspiración: acusó al gobierno de Brasil de financiar una campaña contra Argentina, en un giro que choca de frente con su discurso de integración global.
El domingo, Milei publicó en Clarín una columna con un número astronómico (12.819.532.788.614.400.000%) y aseguró en radios que “el gobierno de Brasil puso el 25% del financiamiento” de una operación antiargentina. No conforme con los insultos previos a Lula, ahora involucró a todo el Estado brasileño.
¿Por qué ahora?
El oficialismo detectó que muchos argentinos creen en una supuesta campaña orquestada por futboleros españoles, ingleses y mexicanos, intelectuales y políticos progres. Además, el kirchnerismo quedó en una posición incómoda: debió solidarizarse con el Gobierno a pesar de sus diferencias.
Así, la Casa Rosada decidió alimentar la polarización con miles de intervenciones en redes. Pero el interés empezó a decaer, y el propio Presidente intervino para sumar un componente más afín: la confrontación con Lula.
La jugada en San Pablo
El sábado, Milei viajó a San Pablo con el canciller Quirno, se metió en la campaña brasileña e insultó a Lula y a jueces de la Corte Suprema de Brasil, llamándolos “basuras”. Luego acusó al gobierno brasileño de orquestar una operación para perjudicar a la Argentina. Brasilia respondió llamando al embajador y exigiendo una disculpa que no llegará.
Es cierto que Lula intervino antes en la política local, como cuando visitó a Cristina Kirchner y pidió su libertad. Pero no lo hizo en campaña electoral ni insultó a funcionarios argentinos, y su cancillería aclaró que era una posición personal.
¿Qué gana Milei con esto?
Si gana Bolsonaro, los libertarios dirán que le deben el triunfo y que son referentes globales. Si gana Lula, insistirán con que Brasil quedará marginado del progreso. Pero en lo doméstico, Milei busca recuperar protagonismo y retomar las batallas culturales que decayó con la salida de Adorni.
Históricamente, el nacionalismo paranoico (como el de los Kirchner con el FMI o la dictadura con los organismos de derechos humanos) solo dio réditos de corto plazo. Con Milei, el fantasma de la “campaña antiargentina” se desinfla rápido: ya no está el Mundial para avivar pasiones. Y lo más grave: prometió reconciliarnos con el mundo, pero ahora aplica el manual populista y aislacionista.
Desesperado por subir en las encuestas, el Presidente se apropia de viejas recetas. Pero sus propios votantes están en otra cosa. Lo más probable es que, como otras veces, se le pase.
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