La novia de “El Militar” reveló detalles escalofriantes de lo que vio en la casa de Yerba Buena
La pareja de “El Militar” describió ante la Justicia escenas inquietantes y un malestar repentino del acusado. ¿Qué secretos esconde su relato sobre la noche del crimen en Yerba Buena?
La secretaria judicial Justina Gordillo, pareja del imputado Felipe “El Militar” Sosa, declaró ante el fiscal Pedro Gallo sobre lo que presenció en la vivienda de Santo Domingo al 1.100, donde se habría cometido el crimen de Érika Antonella Álvarez. Su testimonio, cargado de detalles perturbadores, podría ser clave para desentrañar el homicidio ocurrido en enero. La joven fue asesinada en la madrugada del 7 de ese mes y su cuerpo apareció al día siguiente en un descampado de Manantial Sur.
¿Qué encontró Gordillo al llegar a la casa?
La imputada, asistida por sus defensoras María Florencia Abdala y Camilo Atim, relató que el martes 6 de enero estuvo en la vivienda de Yerba Buena. Regresó el miércoles 7 después del mediodía, tras su jornada laboral. Al llegar, comenzó una discusión con Sosa, a quien insultó y recriminó por supuestamente haber estado con una ex pareja.
El acusado lo negó y le contó una versión diferente. Le dijo que había estado con una chica que no conocía, que llegó en Uber a las tres de la mañana y que estaba “muy drogada”. Sosa afirmó que la joven se metió en la pileta, pero que “no había pasado nada”. Gordillo aseguró que encontró la casa limpia y que su pareja estaba “en cuero”.
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El extraño malestar y los detalles que llamaron su atención
Tras la discusión, Gordillo se retiró por un turno personal y regresó cerca de las 20 horas. Según su declaración, alrededor de las 20:30, Felipe Sosa comenzó a sentirse mal. “Transpiraba, como si se le hubiera bajado la presión. Terminó vomitando en la pileta de la cocina”, afirmó la mujer.
También señaló que durante la noche el acusado realizó varias llamadas telefónicas, algo que consideró habitual por sus actividades laborales. “Me levanté y me fui a trabajar. Nunca me explicó por qué había vomitado. Supuse que estaba drogado. Me llamó la atención que tenía la boca seca, con una pasta blanca en la comisura”, agregó en su relato.
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Consultada sobre el estado de la vivienda, recordó que la mesa ratona del living estaba “sucia, marcada con vasos y muchos cigarrillos”. Aseguró que la noche del 6 de enero estuvieron solos y que le llamó la atención que las habitaciones de las hijas de Sosa estuvieran cerradas.
El misterioso celular rosa y otros puntos clave
Uno de los momentos más sensibles de su declaración fue el hallazgo de un celular rosa que dijo no haber visto antes. Según contó, Sosa se lo entregó a un hombre que se presentó en la casa. “Me dijo que era de un chico que había ido a arreglarle la moto”, sostuvo.
También mencionó que luego otro empleado fue advertido por Sosa para que retirara el teléfono, aunque no sabe si finalmente lo hizo. La imputada admitió otros aspectos investigados por la fiscalía.
Reconoció que retiró una VW Amarok que Sosa mandó a lavar el día posterior al crimen. Aseguró que estaba sucia por un viaje previo a Cafayate. Ese vehículo, secuestrado en Buenos Aires, es sospechoso de haber sido utilizado para trasladar el cuerpo de la víctima.
Negó haber visto al acusado sacar basura del domicilio tras el hecho. Confirmó que tenían previsto viajar de vacaciones con sus hijas y que incluso gestionaba autorizaciones con la ex esposa de Sosa. Además, indicó que la moto con la que viajó a Buenos Aires estaba a su nombre para evitar conflictos con su ex pareja.
Las consecuencias legales de su declaración
La declaración de Gordillo fue en carácter de imputada por presuntas maniobras de encubrimiento, no como coautora del homicidio. Se la acusa de colaborar en el ocultamiento del cuerpo, hacer desaparecer el celular de Érika y favorecer la fuga de Sosa. Por este motivo, no está obligada a decir la verdad.
El fiscal Pedro Gallo deberá evaluar si sus dichos aportan elementos relevantes para esclarecer el homicidio. Por el momento, su situación procesal no cambió. Sus defensores adelantaron que solicitarán una audiencia para pedir su libertad o, en su defecto, que pueda cumplir la medida cautelar bajo arresto domiciliario.
Mientras tanto, el expediente sigue abierto y la principal incógnita continúa siendo qué ocurrió puertas adentro de la casa de Yerba Buena durante la madrugada del 7 de enero. El testimonio de Justina Gordillo agrega nuevas capas de misterio a un caso que conmueve a la provincia.
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