La bandera que descolocó a la Casa Rosada: cómo la Selección le cambió los planes a Milei en Malvinas
Un gesto de los jugadores de la Selección tras vencer a Inglaterra en el Mundial puso el tema Malvinas en el centro de la escena, justo cuando el gobierno de Javier Milei buscaba un equilibrio con el Reino Unido para avanzar en acuerdos y en la visita del presidente a Londres. ¿Cómo impactó este episodio en la estrategia diplomática?
La bandera que descolocó a la Casa Rosada: cómo la Selección le cambió los planes a Milei en Malvinas
El gesto de los jugadores de la Selección argentina al mostrar una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” tras vencer a Inglaterra en el Mundial no solo emocionó a los hinchas, sino que obligó al gobierno de Javier Milei a reposicionar el tema Malvinas en un lugar incómodo de su agenda. La administración libertaria, que venía buscando un delicado equilibrio con el Reino Unido para avanzar en acuerdos comerciales y en la proyectada visita del presidente a Londres, se encontró con un inesperado foco de tensión.
Ese viaje, previsto para fines de octubre de este año, incluiría un encuentro con el nuevo primer ministro laborista Andy Burnham, quien asumirá mañana en reemplazo de Keir Starmer. La Cancillería, el Ministerio de Economía y la Casa Rosada trabajan en la “Argentina week in London”, similar a las ya realizadas en Nueva York y la proyectada en París. Sin embargo, el equilibrio se rompió cuando el gobierno debió salir a criticar el proyecto de explotación petrolera offshore en Malvinas, conocido como Sea Lion, que podría triplicar el PBI de las islas. El Ministerio de Relaciones Exteriores formalizó su “más enérgico rechazo” a lo que consideró “actividades ilegales”, y el canciller Pablo Quirno protestó por el paso del buque de guerra británico HSM Medway por aguas argentinas el 4 de julio pasado.
¿Qué pasó con la bandera que desató la polémica?
Nada tuvo la repercusión internacional de la bandera que un joven argentino improvisó con una sábana de hotel y que los jugadores mostraron en el estadio de Atlanta. La FIFA había prohibido el ingreso de consignas políticas, pero la imagen dio la vuelta al mundo. El portavoz de Starmer respondió con un mensaje provocador: “Puede ser que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las Islas Falkland (Malvinas) sin duda lo son”. Los kelpers, por su parte, se mostraron “decepcionados” y pidieron sanciones de la FIFA, aunque celebraron el respaldo británico.
El episodio puso en evidencia que, más allá del partido de turno, la posición del Reino Unido es inamovible: consideran a Malvinas territorio británico y defienden el principio de “autodeterminación” de los kelpers. La historia muestra que ningún gobierno argentino desde 1983 logró avances en la negociación por la soberanía. Raúl Alfonsín llevó el reclamo a organismos internacionales en plena posguerra; Carlos Menem implementó una política de “seducción” y firmó los acuerdos de Madrid; De la Rúa siguió la línea alfonsinista; Néstor y Cristina Kirchner y Alberto Fernández endurecieron la relación; y Mauricio Macri priorizó la recomposición bilateral y la identificación de soldados caídos.
Milei, mientras tanto, busca dejar su impronta en el diálogo con Gran Bretaña, pero la oposición le recuerda su admiración por Margaret Thatcher, quien ordenó el hundimiento del crucero General Belgrano durante la guerra de 1982. El presidente llegó a afirmar que su gobierno logró avances diplomáticos “como nunca en la historia”, pero la realidad es tozuda: los británicos siguen desobedeciendo los pronunciamientos del Comité de Descolonización de la ONU que instan a negociar.
Quizás Milei confíe en que su amigo Donald Trump presione a Londres, pero no hay señales de ello. Republicanos y demócratas consideran al Reino Unido un aliado estratégico y mantienen su neutralidad, a diferencia del apoyo militar brindado en 1982. La bandera en el Mundial le recordó al gobierno que, por más que se intente avanzar en acuerdos comerciales, el reclamo de soberanía sigue latente y tiene una fuerza inusitada entre los jóvenes, que lo viralizaron en redes. El mundo libertario celebró el gesto, pero la política internacional tiene sus propias reglas.
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