El médico que usó prisioneros como conejillos de indias: amputaciones, congelamiento y un pacto que lo salvó de la justicia

¿Sabías que un médico japonés realizó experimentos atroces con prisioneros y nunca fue castigado? La historia de la Unidad 731 y el pacto que la ocultó.

Por infotucuman · 05/07/2026 · min de lectura
El médico que usó prisioneros como conejillos de indias: amputaciones, congelamiento y un pacto que lo salvó de la justicia

Shirō Ishii dirigió la Unidad 731, donde se realizaron experimentos atroces con seres humanos que incluyeron vivisecciones sin anestesia, amputaciones forzadas y pruebas de congelamiento. A pesar de haber causado la muerte de cientos de miles de personas, nunca fue juzgado.

¿Quién era Shirō Ishii?

Nacido el 25 de junio de 1892 en Shibayama, Japón, Ishii provenía de una familia de terratenientes que le permitió estudiar medicina en la prestigiosa Universidad de Kioto. Allí se formó en patología y microbiología, disciplinas que más tarde aplicarían en sus macabros experimentos.

En 1916 se graduó e ingresó al Cuerpo Médico del Ejército. En esa época, Japón veía la medicina como una herramienta estratégica. Las guerras contra China y Rusia habían demostrado que las infecciones mataban más soldados que el combate directo, por lo que el ejército invirtió en investigación microbiológica. Ishii, convencido de que las armas biológicas podrían equilibrar la inferioridad industrial japonesa, se convirtió en un oficial prometedor.

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El laboratorio del horror en Manchuria

En septiembre de 1931, Japón ocupó Manchuria y estableció el estado títere de Manchukuo. Allí, Ishii encontró el territorio ideal para sus experimentos, lejos del control internacional. El primer centro de investigación se instaló en la fortaleza de Zhongma, donde comenzaron las primeras infecciones deliberadas con peste y cólera en prisioneros chinos y detenidos políticos.

Entre 1935 y 1936 se construyó un complejo mayor en Pingfang, con más de cien edificios rodeados de alambrados electrificados y torres de vigilancia. Oficialmente se llamaba Departamento de Prevención Epidémica y Purificación de Agua del Ejército de Kwantung, pero internamente se conocía como Unidad 731. Ishii fue designado comandante.

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Los prisioneros eran llamados maruta (troncos o leños), un término que ocultaba su condición humana. Entre 1937 y 1939, la unidad comenzó a producir bacterias en grandes cantidades. Los prisioneros llegaban desde cárceles y zonas ocupadas, y eran infectados mediante inyecciones, alimentos contaminados o aerosoles, sin recibir tratamiento alguno.

Vivisecciones, congelamiento y trasplantes forzados

Las vivisecciones se volvieron sistemáticas: a los prisioneros infectados se les abría el pecho o el estómago sin anestesia para observar órganos en funcionamiento hasta la muerte. Los médicos creían que la anestesia alteraría los resultados fisiológicos.

Otro eje de investigación fue el congelamiento. Los prisioneros eran expuestos a temperaturas bajo cero mientras mojaban sus extremidades para acelerar la congelación. Luego se los descongelaba con agua caliente o fuego directo para estudiar la gangrena. También se realizaban amputaciones deliberadas y trasplantes forzados: brazos y piernas eran amputados y reimplantados en posiciones invertidas para observar la reacción vascular.

Se usaban cámaras de vacío para reducir el oxígeno gradualmente y registrar convulsiones y muerte. También se evaluaba la deshidratación extrema y heridas balísticas: prisioneros atados a postes servían para medir el impacto de municiones a distintas distancias.

Producción masiva de armas biológicas

Hacia finales de los años 30, Ishii convenció al alto mando de convertir la unidad en una fábrica de microorganismos patógenos. Se producían peste bubónica, cólera, tifus y ántrax en tanques de fermentación. Cada lote se probaba en prisioneros para verificar su virulencia.

Uno de los proyectos centrales fue la cría masiva de pulgas infectadas con peste bubónica, utilizando roedores como vectores. En 1939 comenzaron las operaciones de campo: los japoneses contaminaban pozos y alimentos en aldeas chinas, y aviones lanzaban recipientes cerámicos con pulgas infectadas sobre regiones enteras. Entre 1940 y 1942 los ataques biológicos se multiplicaron, causando epidemias que se extendían de forma autónoma.

Incluso se planearon ataques contra Estados Unidos entre 1943 y 1945, pero la guerra impidió su ejecución.

La destrucción del complejo y el pacto de impunidad

Ante la ofensiva soviética en 1945, Ishii recibió órdenes de borrar todo rastro. Se quemaron documentos, se volaron edificios y se ejecutó a los prisioneros restantes, cuyos cuerpos fueron incinerados. El personal se dispersó por distintas rutas hacia Japón, firmando compromisos de silencio.

Tras la rendición, los estadounidenses descubrieron la existencia de la Unidad 731. Temiendo que la Unión Soviética obtuviera los datos, Washington tomó una decisión clave: en lugar de enjuiciar a Ishii y sus colaboradores por la muerte de entre 300.000 y 500.000 personas, les garantizaron inmunidad judicial a cambio de acceso exclusivo a la información científica.

Shirō Ishii nunca fue arrestado ni juzgado. Murió el 9 de octubre de 1959 a causa de un cáncer de garganta, llevándose consigo los secretos de uno de los episodios más oscuros de la historia, que nunca llegó a juicio.

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