El giro acuerdista de Milei que descoloca a la oposición: ¿oportunidad o trampa?
El giro acuerdista de Milei deja a la oposición con un dilema: ¿cómo aprovechar las nuevas reglas sin perder identidad? Los detalles de un tablero que se reconfigura.
El giro acuerdista de Milei que descoloca a la oposición: ¿oportunidad o trampa?
La nueva estrategia del presidente, que incluyó la salida de su hijo dilecto, la entronización de Santilli y el fortalecimiento del vínculo con Bullrich, genera un escenario de ganancias y pérdidas simultáneas para el peronismo y el centro no peronista.
¿Cómo impacta en el peronismo?
Por un lado, la presencia de Adorni como figura central durante meses le permitió a Milei recuperar aire tras la derrota del año pasado y profundizar su estrategia de ruptura. Eso perjudica claramente al peronismo. Pero por otro lado, al alejarse el fantasma de un fracaso generalizado, crece la chance de que la dirigencia del PJ escuche a sus referentes más moderados, que sugieren abandonar el discurso del colapso inminente y proponer políticas concretas para mejorar la situación social si el programa de estabilización prospera.
El principal problema del peronismo es que Cristina Kirchner pesa cada vez más a medida que el partido se hunde. Las derrotas acumuladas no han sido suficientes para modificar los consensos internos. Su liderazgo, aunque desgastado socialmente, sigue siendo gravitante en la vida partidaria, alimentado por la fuerza de los mitos y las imágenes que ella misma reactivó, asociando su inhabilitación con la proscripción de Perón.
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Muchos peronistas sensatos optan por provincializarse y evitar el conflicto con el kirchnerismo para no arriesgar sus reelecciones locales, mientras acuerdan con quien sea, incluso con el mileismo. Axel Kicillof, por su parte, busca un doble juego: no promueve abiertamente las banderas de Cristina, pero las apaña, sin conformar a ninguno de los dos bandos: los kirchneristas lo ven como un traidor y los independientes, como otro mascarón de proa de los vicios conocidos.
El dilema del centro no peronista
Para el centro, la nueva fase acuerdista también tiene su lado positivo y negativo. Si Milei corrige sus desbordes, una candidatura presidencial de centro en 2027 pierde sustento: ¿para qué intentar desde afuera lo que los políticos profesionales aliados al oficialismo logran desde adentro? Pero si el mileismo consolida su convivencia con otras fuerzas pro estabilidad, la eficacia legislativa del centro se potencia.
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El centro no peronista enfrenta el mismo problema de provincialización que el peronismo: gobernadores e intendentes prefieren cuidar sus territorios. Sin embargo, tienen una ventaja: su agenda reformista y estabilizadora está más alineada con la de los votantes, y pueden criticar los excesos de Milei sin tener que rendir cuentas por fracasos pasados. Su arena de competencia se concentra en el Congreso, donde las oportunidades para un trabajo políticamente productivo son mayores de lo que parece.
La pregunta clave es si ambos espacios podrán superar los desafíos que esta situación impone. El tiempo apremia de cara a 2027 y, aunque los esfuerzos estén bien encaminados, quizás no den frutos a tiempo.

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