De la Marina de EEUU a los Valles Calchaquíes: la historia del veterano tucumano que creó su propio vino en Colalao del Valle
Un exmarine de EE.UU. encontró en Colalao del Valle el lugar para crear su propio vino. ¿Cómo logró convertir un sueño en realidad?
De la Marina de EEUU a los Valles Calchaquíes: la historia del veterano tucumano que creó su propio vino en Colalao del Valle
Tras 30 años de servicio en la Armada estadounidense, Daniel Cordomí cambió el uniforme militar por las botas de viñatero. Hoy, en Colalao del Valle, produce vinos artesanales con métodos agroecológicos que desafían el clima y la geografía.
Nacido en Chicago pero tucumano de corazón, Cordomí regresó a su provincia natal en busca de un retiro tranquilo. Sin embargo, lo que encontró fue una finca de media hectárea que perteneció a una pareja de holandeses trotamundos, y que hoy es Finca Casilla Verde, un emprendimiento vitivinícola que combina tradición local y experiencia internacional.
¿Cómo un ingeniero naval termina haciendo vino?
La vida de Cordomí es una novela de aventuras. Estudió Bioquímica, trabajó en el Hospital Padilla, emigró a Europa y se alistó en la Marina de EE.UU. tras una escala en Múnich. Sirvió en California, Islandia, Guam, Virginia, Hawái, Singapur y Japón. Pero el paraíso hawaiano perdió su encanto: masificación turística y costo de vida lo empujaron de vuelta a Tucumán.
Intentó vivir en El Mollar, pero el frío lo llevó a recorrer la Ruta 40 sin rumbo. Fue entonces cuando descubrió el terreno de Jurrien Dekker y Evelien van den Berg, una pareja de ciclistas holandeses que llamaban al lugar "Vagabundia". Cordomí compró el predio y conservó el cartel como homenaje.
De una casilla de luz al nombre de la finca
A fines de 2024, al tomar posesión, pintó la casilla de la luz de verde para marcar presencia, siguiendo un consejo de su padre. Ese gesto bautizó a Finca Casilla Verde. Con ayuda de pobladores locales, construyó un salón de cata y elaboración de 32 m² usando adobe, cañizo del río y madera de algarrobo.
El viñedo tiene media hectárea: 70% Malbec y 30% Cabernet Sauvignon. No usa riego por goteo sino por inundación con agua pura del río Santa María. El suelo aprovecha la humedad natural de la ribera, por lo que riega cada cinco semanas. Para controlar hormigas, hace seguimiento manual hasta el nido, sin agroquímicos.

Una granizada que cambió el vino
Para perfeccionar su técnica, Cordomí cursó la tecnicatura en Enología en 2024 y encontró un mentor en el enólogo cafayateño Jorge Humano. La cosecha 2025 sufrió una fuerte granizada en febrero que dañó la mitad de los racimos. Sin poder separar la uva dañada, todo ingresó a la despalilladora, resultando en un Malbec de 16,3% de alcohol, criado cinco meses en roble francés. También produce un Cabernet Sauvignon de 14,2%, añejado en roble americano, con notas a grosellas.
El embotellado se hace por gravedad en la finca, sin que ninguna uva salga del establecimiento. Las etiquetas, diseñadas por Cordomí e impresas en Cafayate, destacan el carácter artesanal. La venta es "boca en boca", con ayuda de su hija Daniela, sommelier en Wisconsin.

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