Caminos destruidos en Necochea: cosechas varadas y contratos que se caen
Las lluvias históricas dejaron los caminos rurales de Necochea intransitables. La cosecha está varada, los contratos de arrendamiento se caen y los productores claman por soluciones. ¿Qué pasará con la economía local?
Caminos destruidos en Necochea: cosechas varadas y contratos que se caen
Dos meses después de las lluvias históricas que azotaron Necochea, los campos siguen siendo un infierno de barro. Las napas desbordadas convirtieron los caminos rurales en trampas intransitables, y la actividad agropecuaria está casi paralizada. Pero lo peor está por venir: los contratos de arrendamiento se están rescindiendo.
El agua retrocedió de las 25.000 hectáreas afectadas, pero el verdadero problema está bajo tierra. El suelo perdió toda capacidad de soporte, y los caminos son barrizales donde ni las camionetas pueden circular. Los productores locales, desesperados, se reúnen una y otra vez con las autoridades sin obtener respuestas concretas.
¿Quién paga la tasa vial más cara de la provincia?
Eugenio Cardenau, presidente de la Sociedad Rural de Necochea, es contundente: “La crisis era previsible. Hace años que venimos reclamando por el estado de los caminos rurales”. Según denuncia, Necochea cobra una de las tasas viales más altas de Buenos Aires, duplicando a distritos vecinos, pero el mantenimiento brilla por su ausencia. El Ejecutivo local echa la culpa al mayor tránsito agrícola, pero los productores exigen un plan de inversión sostenido.
Girasol varado, soja a paso de hombre
La cosecha de girasol está almacenada en los campos porque ningún camión puede entrar. Solo los lotes pegados a las rutas lograron comercializar. La soja y el maíz avanzan con lentitud desesperante. En la ganadería, la situación es aún más grave: un productor tuvo que vender toda su hacienda y sacar los animales cruzando establecimientos vecinos, porque los caminos directamente no existían.
Agustina Balsategui, productora y dirigente rural, relata: “Hubo un productor que tuvo que vender toda la hacienda porque no podía ingresar al campo. Para sacar los animales tuvieron que cruzar establecimientos vecinos porque los caminos ya no servían”. Y agrega: “Las empresas quedaron en gasto cero. Se frenaron compras, inversiones, reparaciones... nadie sabe qué va a pasar”.
El golpe económico que nadie esperaba
La consecuencia más inédita es la caída de los contratos de arrendamiento rural. Numerosos lotes quedaron inaccesibles o inutilizables, y los acuerdos se están rescindiendo. La siembra de trigo y cebada ya se frenó. Cardenau advierte que el “bache financiero” afectará a contratistas, transportistas, proveedores y hasta al Puerto Quequén.
Mientras tanto, las obras de emergencia chocan contra la naturaleza: la arena y el material que tiran se hunden porque las napas están altísimas. “Hasta que no pare de llover una semana, todo lo que se haga vuelve a romperse”, explica Balsategui.
La burocracia no ayuda: el pedido de emergencia agropecuaria está en la Provincia, esperando la firma del gobernador. Y la Dirección Provincial de Hidráulica tiene solo dos técnicos para quince partidos. “Los estamos volviendo locos, pero no dan abasto”, confiesan desde el sector.
Pero la crisis también tiene un costo humano. Familias enteras viven con angustia, y varios productores terminaron bajo atención médica por picos de presión después de las asambleas. “Hay chicos que este año empezaban a sembrar el campo de la mamá y la verdad que me parte el alma ver lo que están viviendo”, confiesa Balsategui.
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